Salta, antaño y hogaño . Nuestra ciudad en Mayo de 1810

Por Gregorio A. Caro Figueroa
El nombre de Ciudad que en 1810 ostentaba con orgullo Salta, era un pomposo manto que cubría su modesta condición de aldea, entonces sede de la extensa Intendencia de Salta del Tucumán. En abril de 1810 acumuló 228 años de una tan frágil como dura existencia.
Alrededor de una desaliñada plaza, sobre amplios terrenos, se reunía un puñado de casas chatas, de adobe con añadidos de piedra. Allí se concentraba y convivía la mayor parte de sus 15.000 pobladores: españoles, criollos, indios, mulatos y negros. De este total, 5.000 personas residían en el pequeño centro urbano. Las primeras noticias del pronunciamiento patriota del 25 de mayo en Buenos Aires.
La noticia de ese pronunciamiento llegó aquí el 16 de junio. Dos días después, para considerar las notas de la Junta Provisional, el gobernador intendente, Nicolás Severo Isasmendi, convocó una sesión del Cabildo. La propuesta de apoyar las decisiones de la Junta de Buenos Aires, fue apoyada con el voto de 58 vecinos de un total de 61 de los que asistieron a esa reunión. Aquel pronunciamiento de respaldo a la Junta incluyó una ratificación de lealtad al rey Fernando VII. Hasta allí no era explicita la división entre “patriotas”, por un lado y “realistas”, por el otro.
El conflicto se planteó y se fue profundizando entre el Gobernador Isasmendi y el Cabildo, cuando se trató de elegir el representante que enviaría Salta a la Junta Provisional. Mientras el Isasmendi propuso que se incluyera en esa convocatoria a “la plebe”: artesanos, pulperos y soldado. Los patriotas rechazaron ese criterio.
De ese modo, resultó paradójico que el sector “realista” propuso “abrir las puertas a la igualdad”, y que el grupo “patriota” aparecía decidido a cerrar esas puertas. Pese a que la votación fue secreta, el candidato de Isasmendi logró la mayoría de votos. Los “patriotas” impugnaron esa elección por “vicios de procedimiento”. La respuesta de Isasmendi fue encarcelar a los opositores.
Hasta aquí, la confrontación más que fundamentos políticos o diferencia de ideas. Personas y grupos se enfrentaron más por intereses y aspiraciones personales que por ideas políticas. No se trataba de un mayor o menor patriotismo sino, “de accidentales cuestiones de primacías e influencias”, señala el historiador Edberto Oscar Acevedo.
Con un pie, Salta adhirió a la Junta Provisional. Con el otro ratificó “que entraba en relación directa con el virrey depuesto (Cisneros), con el Cabildo de Buenos Aires y con la Audiencia.-


