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Dique Cabra Corral: la contaminación es un problema mucho más profundo que la basura en la superficie

Las imágenes de voluntarios retirando bolsas, botellas y envases de las costas del dique Cabra Corral pueden transmitir una señal positiva, pero también corren el riesgo de generar una peligrosa sensación de tarea cumplida.

El doctor en Biología Enrique Derlindati volvió a advertir, en diálogo con Nuevo Diario, que la contaminación del embalse constituye un problema mucho más profundo que la basura visible y que no podrá resolverse únicamente mediante jornadas de limpieza.

“El problema no se resuelve juntando plásticos”, sintetizó el especialista, quien sostuvo que el Cabra Corral arrastra una deuda ambiental de varias décadas y necesita un plan de remediación y recuperación basado en evidencia científica. Aunque retirar los residuos sólidos resulta necesario, esa acción no alcanza para abordar contaminantes que pueden circular entre el agua, los sedimentos y los organismos que forman parte del ecosistema.

“Una jornada de limpieza puede ser útil porque permite retirar residuos, recuperar espacios públicos, generar conciencia y demostrar que la sociedad no acepta determinadas prácticas. Pero eso no es una remediación ambiental y puede generar una falsa sensación de tarea cumplida”, explicó Derlindati.

Una contaminación que no puede verse desde la costa

La principal preocupación señalada por el biólogo es la existencia de antecedentes científicos sobre la presencia de mercurio en el sistema del río Juramento. A diferencia de las botellas o las bolsas acumuladas en la superficie, este metal pesado no puede retirarse manualmente y posee la capacidad de incorporarse a las redes alimentarias y acumularse en los organismos.

Derlindati recordó un estudio de Lomniczi, Boemo y Musso publicado en 2004 en el Journal of the Argentine Chemical Society.

Una concentración mediana de mercurio

El informe reunió los resultados de 19 campañas de muestreo efectuadas entre 1997 y 2003 en seis ríos y cuatro embalses de la alta cuenca del Juramento.

En Cabra Corral, el trabajo registró una concentración mediana de mercurio total de 0,3 microgramos por litro, mientras que el valor máximo alcanzó los 2 microgramos por litro. Los investigadores señalaron que esos resultados superaban varias veces el valor de referencia de 0,1 microgramos por litro contemplado para residuos peligrosos en el Decreto 831/93, reglamentario de la Ley Nacional 24.051.

El estudio también encontró concentraciones iguales o superiores a un microgramo por litro en una proporción considerable de las muestras obtenidas en los grandes embalses de Cabra Corral y El Tunal, precisamente dos espacios donde se concentran actividades recreativas, deportivas y de pesca de pejerrey.

“Los plásticos son visibles, el mercurio no. Confundir la cantidad de botellas que aparecen en las costas con el estado ambiental del embalse es confundir el síntoma con el problema”, remarcó Derlindati.

La necesidad de estudiar los peces

El especialista aclaró que detectar mercurio en el agua no permite afirmar, de manera automática, que exista una intoxicación entre las personas que consumen peces del embalse. Sin embargo, tampoco habilita a considerar que el problema está resuelto o que no existe un riesgo potencial.

El mercurio puede acumularse y concentrarse en el tejido de los peces. Una de sus formas más peligrosas es el metilmercurio, compuesto neurotóxico que puede generarse cuando ciertos microorganismos presentes en ambientes acuáticos transforman el mercurio disponible. Para conocer la situación actual, por lo tanto, no alcanza con analizar.

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