Un informe de Analytica advirtió que el 26,9% de las personas endeudadas registra mora tardía en el sistema financiero ampliado. El dato más alarmante aparece entre los menores de 30 años, donde el incumplimiento roza el 40%.
En las provincias del norte, la caída del poder adquisitivo, la precarización laboral, la baja del consumo y el freno de las economías regionales profundizan el cuadro. La morosidad dejó de ser un dato técnico del sistema financiero para convertirse en una señal directa del deterioro social.
Según un informe de Analytica sobre crédito a familias correspondiente a abril, el 26,9% de las personas con algún tipo de deuda registra mora tardía, es decir, incumplimientos superiores a los 90 o 120 días. En números concretos, son 5,3 millones de argentinos que ya no logran cumplir con sus obligaciones financieras. El fenómeno golpea a todo el país, pero muestra una crudeza particular en el norte argentino. No obstante, San Juan lidera el ranking nacional de morosidad con el 36%, seguida por La Rioja, con el 35,3%, y Catamarca, con el 34,8%. A su vez, provincias como Santiago del Estero, Corrientes y Jujuy figuran entre las jurisdicciones con menor proporción de deudores formales respecto de su población, lo que expone una doble fragilidad: menos acceso al crédito bancario tradicional y mayor exposición a mecanismos de financiamiento más caros o informales.
Un mapa desigual de la deuda
El informe contempla el llamado sistema financiero ampliado, que no incluye únicamente a los bancos, sino también a fintech, billeteras virtuales, mutuales, cooperativas, tarjetas de consumo, casas de electrodomésticos y fideicomisos financieros. Allí aparece una de las claves del problema: mientras los bancos concentran el 82,4% de la deuda total de las familias y presentan una irregularidad de cartera del 11,9%, las fintech alcanzan el 21,6% y otras entidades no financieras trepan al 43,1%. En cantidad de personas, el dato es todavía más fuerte: entre quienes solo tienen deudas con entidades no financieras, el 96,4% registra mora tardía. La provincia de Buenos Aires también exhibe fuertes contrastes internos. En el conurbano bonaerense, Vicente López registra una mora tardía del 15,1%, mientras Florencio Varela alcanza el 38,3%.
Los jóvenes, el sector más expuesto
La situación se agrava entre los jóvenes. En el segmento de 18 a 30 años, la morosidad alcanza el 39% en hombres y el 38,1% en mujeres. La consultora vincula ese deterioro con los problemas de inserción laboral juvenil: la desocupación en mujeres de 14 a 29 años subió de 13,8% a 16,8% entre finales de 2024 y 2025, mientras que en hombres pasó de 12,5% a 16,2%. El dato expone una generación que ingresa al mercado laboral en peores condiciones, con salarios deteriorados, alta rotación, informalidad creciente y mayor dependencia del crédito para sostener consumos básicos. La deuda, en ese escenario, deja de ser una herramienta de financiamiento y pasa a funcionar como un mecanismo de supervivencia cotidiana.
El poder adquisitivo viene cayendo
En diálogo con Nuevo Diario, el economista salteño Juan Pablo López López sostuvo que los números de morosidad “vienen empeorando año a año desde hace aproximadamente dos años” y explicó que el fenómeno tiene múltiples causas. “En principio, tiene que ver con la falta de poder adquisitivo del salario, que se viene deteriorando mes a mes y año a año desde la asunción de Milei”, afirmó. Para el especialista, el endeudamiento que inicialmente fue acompañado por una expectativa positiva del sistema bancario comenzó a mostrar sus límites a medida que los ingresos reales siguieron perdiendo capacidad de compra. “Los bancos otorgaban créditos previendo que las personas físicas iban a mejorar su situación, pero con el correr de los meses se vio que el poder adquisitivo del asalariado viene bajando, sobre todo en sectores muy golpeados como el comercio y la industria”, señaló.
El impacto sobre el interior
El diagnóstico adquiere mayor fuerza en las provincias del interior. López López remarcó que existe una diferencia evidente entre la situación financiera de quienes viven en el centro del país, Buenos Aires o CABA, y quienes habitan en economías regionales. En ese punto, apuntó contra la paralización de la obra pública, a la que definió como “un elemento dinamizador” clave para las provincias. Su ausencia, señaló, se siente con más fuerza en territorios donde la actividad depende del consumo local, el empleo público, el comercio, los servicios y las cadenas productivas regionales. “Las economías regionales vienen sintiendo el cimbronazo de la crisis económica y la baja del nivel de actividad. Hay sectores que están mejor, como energía, agro o servicios financieros, pero no son los que más mano de obra incorporan”, analizó.
Salta, turismo y consumo en baja
El caso salteño aparece atravesado por esa misma tensión. La provincia sostiene buena parte de su discurso económico en el turismo, la gastronomía y los servicios, pero esos sectores también muestran señales de caída. “Hacemos alarde de la situación turística, pero cada vez vemos que baja el nivel de actividad turística y gastronómica, y eso pega de lleno”, advirtió López López.
Para el economista, la mora no puede analizarse de manera aislada. Está conectada con la caída del consumo, la pérdida de ingresos reales y la falta de dinamismo en actividades que generan empleo directo e indirecto. En otras palabras: cuando se apaga la caja diaria del comercio, del turismo y de la gastronomía, la deuda empieza a pesar mucho más.
Mientras tanto, el mapa de la mora revela una tensión de fondo: jóvenes endeudados, salarios que no alcanzan, economías regionales frenadas y un sistema financiero que refinancia después de haber prestado bajo expectativas que la realidad económica desmintió.



